1. Home>
  2. Recursos>
  3. RR. HH.>
la competitividad de Europa

Entrevista: la competitividad de Europa es un reto estratégico para RR. HH.

Cinco normativas de la UE que todo responsable de RR. HH. debería conocer y tener en cuenta

Bart Pollentier

Europa atraviesa un momento decisivo para su competitividad. No se trata de un debate abstracto sobre si debería haber «más o menos regulación», sino de una cuestión práctica que determinará las decisiones de inversión, los flujos de talento y los lugares en los que las empresas decidan crecer. ¿Cómo podemos garantizar que Europa siga siendo un lugar atractivo en el que invertir, trabajar y crecer?

Esta cuestión suele abordarse desde la perspectiva de la política industrial, la energía, la defensa y los mercados de capitales. Sin embargo, tras conversar con Bart Pollentier, director del Centro de Conocimiento Jurídico de SD Worx, algo queda claro: las presiones que determinan la competitividad de Europa también se manifiestan en la realidad del trabajo, y es en RR. HH. donde esas presiones se vuelven operativas.

El planteamiento de Bart es claro: RR. HH. es un factor crítico de éxito en este debate. Se ha convertido en el punto en el que las grandes ambiciones de Europa se encuentran con las dificultades del entorno laboral, los costes laborales, la gobernanza tecnológica y la confianza que mantiene unidas a las organizaciones.

En un entorno más volátil, esto también implica algo muy práctico: las organizaciones necesitan menos carga administrativa, más margen para adaptarse y modelos de gestión integrada de Recursos Humanos diseñados para afrontar cambios continuos, en lugar de ejercicios puntuales de cumplimiento normativo.

    Una nueva cuestión europea: reducir la carga, no la ambición

    Bart no recurre al argumento fácil de afirmar que Europa simplemente regula demasiado. Reconoce que, para muchas empresas, el peso acumulado de la regulación y el cumplimiento normativo se ha convertido en una limitación importante.

    Sin embargo, en su opinión, la cuestión principal no es si Europa debería renunciar a proteger a las personas, los datos y los mercados. La verdadera cuestión es si puede perseguir esos mismos objetivos mediante métodos que generen menos fricción y no frenen la rapidez, la capacidad de crecimiento y la toma de decisiones.

    «Tenemos que ser capaces de competir con Estados Unidos, pero también con la manera en la que China se está posicionando», explica.

    Europa, señala, sigue siendo una arquitectura institucional enorme y diversa, pero poco cohesionada. Es capaz de marcar una dirección y establecer normas a gran escala, pero suele ser más lenta, estar más fragmentada y presentar mayores dificultades a la hora de coordinar su aplicación. Cuando el mercado interior carece de coherencia y agilidad, a las organizaciones les resulta más difícil crecer con confianza más allá de sus fronteras.

    Por eso, para Bart, la respuesta no consiste en reducir la ambición, sino en eliminar cargas innecesarias. Europa debe mantener su compromiso con la confianza, la protección y unos estándares elevados, pero necesita alcanzar estos objetivos mediante una regulación más coherente, viable y menos exigente desde el punto de vista administrativo.

    En este sentido, el reto no es la desregulación como un fin en sí mismo, sino reducir la carga regulatoria sin renunciar a la ambición. Es aquí donde el debate sobre la competitividad deja de ser una teoría política y se convierte en una realidad laboral.

      Por qué la competitividad acaba sobre la mesa de RR. HH.

      Con frecuencia, la competitividad se interpreta únicamente como una cuestión financiera. Bart vuelve a los principios básicos: las empresas compiten gracias a su capacidad para organizar el trabajo de manera eficaz, y el trabajo representa tanto uno de sus principales costes como una de sus mayores fuentes de valor.

      Para los responsables de RR. HH., el reto no consiste únicamente en controlar los costes o mejorar la experiencia de los empleados. Se encuentra en la tensión entre distintas expectativas que avanzan simultáneamente en direcciones opuestas: coste frente a valor; innovación y competitividad frente a seguridad y protección; simplificación frente a garantías; y crecimiento transfronterizo frente a las diferentes realidades laborales nacionales.

      Bart propone un principio sencillo que resulta útil precisamente porque es operativo y no ideológico:

      «Simplificar donde sea posible y establecer políticas sólidas donde sea necesario».

        La normativa de la UE que los responsables de RR. HH. deben tener ahora en el radar

        Durante los próximos 18 o 24 meses, los responsables de RR. HH. experimentarán los efectos de distintos avances legislativos de la UE que comparten un mismo objetivo: Europa está modernizando las reglas del trabajo para adaptarlas a una economía marcada por las expectativas de transparencia, la gestión algorítmica y el crecimiento transfronterizo.

        Directiva sobre transparencia retributiva

        En primer lugar, la transparencia retributiva está haciendo que la remuneración pase de las políticas a las pruebas. La Directiva obliga a las organizaciones a conseguir que sus criterios salariales sean más objetivos, transparentes y neutros desde el punto de vista del género. Esto afecta a aspectos como las bandas salariales, los criterios de progresión, la justificación de las diferencias retributivas y la gestión creíble de posibles conflictos.

        Las empresas pueden consultar esta guía sobre la nueva normativa de transparencia salarial para conocer sus principales implicaciones y prepararse para su aplicación.

        Pocas personas cuestionarían el objetivo de fondo. La creciente resistencia, reflejada, por ejemplo, en las objeciones planteadas en Suecia y compartida también por la VBO, se centra en el riesgo de que un principio legítimo se traduzca en un modelo de cumplimiento demasiado rígido, exigente y poco alineado con la realidad empresarial.

        Por tanto, el verdadero reto no consiste en determinar si las organizaciones respaldan la igualdad, sino en comprobar si pueden integrarla de una manera viable, creíble y sostenible en la práctica.

        Aquello que antes se gestionaba mediante el criterio de los responsables, sistemas heredados o normas implícitas ahora debe trasladarse a marcos más claros, una documentación más sólida y una toma de decisiones más coherente.

        Bart resume con claridad la importancia estratégica de esta cuestión:

        «Esto no debe considerarse un simple ejercicio de presentación de informes, sino una oportunidad para convertirse en un empleador atractivo capaz de fidelizar a las personas».

        Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE

        En segundo lugar, la IA está pasando de la experimentación a la gobernanza dentro de RR. HH. Muchas aplicaciones de inteligencia artificial que afectan a las personas están sometidas a un mayor nivel de supervisión porque influyen en sus oportunidades y derechos, y requieren garantías sólidas de privacidad y seguridad.

        La consecuencia práctica es que RR. HH. no puede considerar la IA como una simple herramienta para mejorar la productividad. Se convierte en una responsabilidad de liderazgo que exige rendición de cuentas, supervisión humana y capacidad para justificar las decisiones.

        «El hecho de que algo sea posible no significa que esté permitido hacerlo», explica Bart.

        La sección de Tecnología e IA de SD Worx reúne contenidos sobre automatización, gobernanza y aplicación responsable de estas herramientas en los procesos de RR. HH.

        Directiva sobre el trabajo en plataformas

        En tercer lugar, la Directiva sobre el trabajo en plataformas señala una tendencia más amplia: la clasificación de los trabajadores y la gestión algorítmica ya no se regulan únicamente mediante la legislación laboral, sino también a través de la forma en la que los sistemas asignan el trabajo, supervisan el rendimiento y condicionan los resultados.

        Incluso las organizaciones que no funcionan como plataformas deberían interpretar esta normativa como una señal del rumbo que seguirá la regulación.

        La lógica de fondo es sencilla:

        «Partimos del principio de que se presume que una persona es trabajadora por cuenta ajena, salvo que la plataforma demuestre lo contrario».

        La voz de los trabajadores y la viabilidad del trabajo

        En cuarto lugar, la «viabilidad del trabajo» y la voz de los trabajadores están adquiriendo una estructura más definida. Cuestiones como el derecho a la desconexión, los marcos de trabajo a distancia y las normas sobre los comités de empresa europeos no suelen acaparar titulares, pero modifican la manera en la que las organizaciones coordinan el trabajo, consultan a los empleados y toman decisiones dentro de un modelo operativo moderno.

        El mensaje tiene menos que ver con los eslóganes y más con la concreción:

        «Las políticas deben ser concretas».

        CSDDD y paquete Ómnibus

        Por último, la Directiva sobre diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad, conocida como CSDDD, se está convirtiendo en una prueba de realismo para el enfoque regulatorio de Europa.

        La intención original —reforzar la responsabilidad sobre los derechos humanos y las condiciones laborales a lo largo de las cadenas de suministro— continúa siendo importante. Sin embargo, Europa también está respondiendo a las críticas que señalan que los requisitos se habían vuelto demasiado exigentes y difíciles de aplicar.

        «Europa ha respondido a la petición del sector empresarial de suavizarla», explica Bart.

        En conjunto, estas señales apuntan en una dirección coherente: Europa quiere garantías modernas que puedan aplicarse a gran escala. RR. HH. es el ámbito en el que esta ambición puede convertirse en una ventaja estratégica o en un proceso excesivamente burocrático.

          Armonización frente a realidad nacional: la dificultad competitiva que RR. HH. percibe primero

          El proyecto de competitividad de la UE acaba encontrándose con una barrera estructural. Europa necesita una mayor armonización para poder crecer, pero los Estados miembros siguen funcionando con modelos laborales, sistemas fiscales y de Seguridad Social, y realidades institucionales muy diferentes.

          Bart ofrece un buen ejemplo de lo que experimentan en la práctica las empresas que operan en varios países. Imaginemos una empresa belga que envía durante doce meses a un consultor informático a trabajar para un cliente de los Países Bajos. Durante ese periodo, el empleado trabaja parcialmente desde casa, desde la oficina de Bélgica y de manera presencial en las instalaciones del cliente neerlandés.

          Las preguntas se multiplican rápidamente: ¿qué normas salariales deben aplicarse?, ¿qué legislación regula el tiempo de trabajo?, ¿qué sucede en caso de enfermedad?, ¿en qué país deben pagarse los impuestos? y ¿dónde debe cotizar el empleado a la Seguridad Social?

          Contar con una solución de nómina internacional permite coordinar estos procesos y gestionar las particularidades laborales, fiscales y de Seguridad Social de cada país.

          Esta fricción tiene más importancia de la que muchos responsables reconocen, porque no solo genera carga administrativa, sino también incertidumbre estratégica. Cuando las normas de funcionamiento varían considerablemente entre países, las organizaciones dudan: ¿dónde deberían invertir?, ¿dónde deberían contratar? y ¿cómo pueden diseñar un único modelo operativo sin tener que reconstruir sus procesos de RR. HH. desde cero en cada mercado?

          En este sentido, Bart considera interesante la idea de «federalismo pragmático» propuesta por Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo. En lugar de esperar a que los 27 Estados miembros alcancen una alineación perfecta, se permitiría que los grupos de países preparados para avanzar más rápido pudieran hacerlo.

            Qué pueden hacer ahora los responsables de RR. HH.

            Si el atractivo de Europa depende de encontrar un equilibrio entre rapidez y confianza, los responsables de RR. HH. tienen más capacidad de actuación de la que creen.

            El siguiente paso más práctico no consiste en construir un modelo estático perfecto, sino un sistema operativo de RR. HH. capaz de absorber los cambios normativos sin tener que reinventarse constantemente.

            En un contexto de presión geopolítica, volatilidad de los costes y evolución de las expectativas, el cambio debe tratarse como una constante. RR. HH. debe acompañar a los empleados durante todas estas transformaciones.

            Esto implica reducir la administración innecesaria siempre que sea posible, incorporar flexibilidad a los procesos y garantizar que el cumplimiento normativo facilite la toma de decisiones, en lugar de ralentizarla. Centralizar la información mediante una solución de gestión de datos y documentos de RR. HH. puede ayudar a mejorar la trazabilidad, la seguridad y la capacidad de adaptación.

            1. Convertir la estrategia retributiva en un motor de atracción y retención

            La transparencia retributiva no debe considerarse principalmente una obligación de divulgación, sino una oportunidad para construir una estrategia salarial más ambiciosa y orientada al futuro.

            Las organizaciones que aporten mayor claridad, coherencia y credibilidad a sus políticas retributivas —y que las relacionen de manera más explícita con el talento, el rendimiento y el crecimiento— estarán mejor posicionadas para atraer y retener profesionales, además de reforzar la confianza en la relación laboral.

            2. Tratar la IA en RR. HH. como una cuestión de gobernanza, no como una herramienta

            Es necesario identificar en qué puntos interviene la IA en las decisiones relacionadas con las personas, establecer mecanismos de supervisión humana, definir cómo pueden cuestionarse sus resultados y marcar líneas rojas claras.

            No se trata únicamente de cumplir la normativa. Se trata de garantizar que la innovación siga siendo viable, explicable y coherente con los valores que la organización quiere defender.

            3. Crear procesos transfronterizos replicables siempre que sea posible

            Incluso sin una armonización completa, las organizaciones pueden estandarizar sus definiciones internas, flujos de trabajo y estructuras de datos para reducir la fricción cuando cambian las normas.

            Una solución de Core HR internacional permite centralizar los datos de los empleados, automatizar procesos y conectar la gestión de personas con la nómina internacional, el tiempo y la planificación global.

            Esto no solo disminuye la carga administrativa, sino que también aporta una mayor flexibilidad para responder con rapidez cuando cambian las condiciones del negocio.

            4. Concretar la viabilidad del trabajo

            El trabajo a distancia, el derecho a la desconexión y los procesos de consulta deben definirse mediante directrices operativas claras, y no a través de normas informales.

            El objetivo no es crear más políticas porque sí, sino desarrollar marcos suficientemente claros para proteger a las personas y lo bastante flexibles para funcionar en la práctica. Las soluciones de gestión del tiempo y asistencia facilitan la trazabilidad de la jornada y permiten gestionar los datos de tiempo de forma precisa y transparente.

            5. Tratar el cambio como una condición estructural, no como una alteración temporal

            RR. HH. debe partir de la premisa de que el cambio es la norma y no la excepción. Entre las reformas regulatorias, las crisis geopolíticas, la incertidumbre energética y la presión constante sobre los costes laborales, la capacidad de adaptación se ha convertido en un requisito básico.

            Las organizaciones más sólidas serán aquellas capaces de simplificar siempre que sea posible, conservar margen para la flexibilidad operativa y evitar reconstruir desde cero su modelo de RR. HH. cada vez que cambie el contexto. El análisis HR Trends 2026: Arquitecto del Cambio profundiza precisamente en la necesidad de diseñar sistemas de RR. HH. más flexibles, continuos y transparentes.

              La principal conclusión de Bart es clara:

              «¿Cómo podemos garantizar que Europa siga siendo un lugar atractivo en el que invertir, trabajar y crecer?».

              En un momento marcado por una renovada inestabilidad geopolítica, las tensiones en la oferta y una persistente volatilidad de los costes, esta cuestión se ha vuelto todavía más urgente.

              Para RR. HH., esto significa centrarse en la eficiencia de costes, la capacidad de atracción, la transparencia retributiva y una política centrada en las personas, suficientemente sólida para resistir las disrupciones y lo bastante escalable para funcionar más allá de las fronteras.

              La competitividad de Europa es ahora una cuestión de RR. HH. porque el futuro del crecimiento pasa por el sistema operativo del trabajo.

              «Si Europa quiere seguir siendo un lugar en el que las empresas inviertan y las personas decidan desarrollar sus carreras profesionales, el modelo ganador no consistirá en elegir entre rapidez y protección. Consistirá en construir un sistema capaz de ofrecer ambas cosas: oportunidades y seguridad».

                Convierte los cambios normativos en una ventaja para tu empresa

                  Bart Pollentier

                  Bart Pollentier

                  Director Legal Knowledge Center